miércoles 2 de diciembre de 2009

Una casa al revés


El hijo menor, de seis años, le pidió a mamá que bajase la música. A mamá le gustaba hacer las remodelaciones de albañilería en casa con el volumen del equipo a toda pastilla.
--Mamá, tengo que hacer los deberes --dijo el niño.
--Pero hijo, si tienes todo el fin de semana por delante para hacerlos --soltó la mamá sin apartar los ojos de la mezcla de yeso que preparaba.
--Mamá, no seas boba, si me pongo ahora tendré todo el sábado y todo el domingo libres para hacer lo que me dé la gana.

El hijo mayor, de dieciocho, escuchaba a Beethoven en su habitación mientras leía el periódico.
--No entiendo a los jóvenes de hoy --decía--, no sé qué es lo que tienen en la cabeza. Empezando por que en la actualidad no se hace música, sino ruido. ¿Acaso somos trogloditas? Y la cultura... deja mucho que desear. Creo que una buena educación comienza en la escuela. Tal vez se debería separar de nuevo a los niños de las niñas en las aulas y así toda esa libertad de la que tanto se habla en democracia dejaría de ser el libertinaje al que nos hemos acostumbrados. Y mamá, creo que voy a llevarme a mi hermano los domingos a misa, en algún momento habrá que empezar a iniciarlo en el camino recto.
--Eres demasiado joven, cariño, todavía no sabes disfrutar de la vida --decía mamá.
--¡Disfrutar de la vida! --se enfadaba el chico--. ¿Dónde estaría el hombre si esta vida fuera mero disfrute? ¿Y la ciencia, mamá? ¿Y la tecnología? ¿Y la medicina? ¡Si es que no sabes lo que dices! ¿Crees que los grandes de la historia habrían llegado a donde llegaron a base de gozar de la vida?
--Pues... ¡bien que enfermaban de sífilis algunos de esos grandes! --bromeaba mamá.

Más tarde estaba papá preparando la merienda para los chicos, porque mamá dormía la mona de las cinco cervezas que se había tomado. Luego puso una lavadora y dejó la cocina y el baño impecables. Estaba cansado de trabajar fuera y dentro de casa, aunque lo hacía por los suyos y se enorgullecía de tener una familia estupenda. Más tarde estuvo zurciendo los calcetines, ya que no había demasiado dinero para comprar pares nuevos a menudo.
--Qué mal hacen hoy en día la ropa --decía--. Cuando yo era chico me duraban los calcetines una eternidad... años, diría yo. Igual que los electrodomésticos. La lavadora de mamá ha durado veinte años y aún funciona de maravilla. La primera que tuvimos nosotros aguantó excasamente ocho años. Es esta maldita sociedad de consumo y el afán de lucro de las grandes empresas.

--Papá, no me des tanta bollería, dame una manzana que es más sano --pedía el peque de la casa.
--No te creas todo lo que dicen por la televisión --dijo papá--, la comida es para disfrutarla y nuestros paladares piden cosas ricas.
--Bueno, a mí una manzana me parece muy rica --observó el niño tomando una del frutero.
--No está mal --agregó papá--, pero yo prefiero un buen cruasán de jamón y queso a la plancha con una taza de chocolate.

Mamá pidió a papá que le hiciese un café con leche y se lo sirviese con una aspirina, ya que la mezcla explosiva de cerveza y siesta tardía no sentaba bien a nadie. Aunque por la noche siguió bebiendo porque la llamaron unos amigos para dar una vuelta y estuvieron hasta las tantas de bares y tapas. Cuando llegó a casa, papá dormía como un lirón pero mamá intentó despertarlo con intención de hacer el amor.
--Me duele la cabeza --dijo papá.

domingo 29 de noviembre de 2009

Ensoñaciones sobre un mundo peor




Hay gente que se pasa la vida inventando un mundo diferente, adaptado a sus propios deseos y fuera del concierto de la realidad. Bueno, puede que la mayoría hagamos un poco eso, pero los hay más conscientes de su ilusión y que conviven con la verdad, y los hay que creen a pies juntillas que su mundo mental es el idóneo. Actúan y viven intentando que todo y todos se adapten a ellos, en lugar de adaptarse a sus propias circunstancias. Ese puede que sea uno de los mayores defectos del ser humano, el que nos lleva a hacer desastres en el entorno, con las personas, los seres vivos y los recursos que nos rodean.

Para una mente tan egocéntrica y muchas veces ególatra todo está mal y todos los que no le dan la razón y siguen sus reglas son el enemigo. Se encuentran en una eterna ensoñación que quieren convertir en realidad. Por desgracia muchos de ellos tienen carisma y poder, ya sea en pequeños o grandes entornos. Algunos pueden llegar a tener cargos importantes, donde hacer y deshacer a su antojo y cortar cabezas a diestro y siniestro cuando los demás no quieren ver que tienen la razón absoluta y que todo ha de ser como dicen. Uno de los ejemplos más famosos y renombrados de la historia fue Hitler, pero hay muchos "hitler" a nuestro alrededor y seguro que todos conocemos a alguno.

Negarse a aceptar la vida como es y como viene y sacar lo mejor de ella, llegando a ver el aspecto negativo de todas las cosas o enfocando la mirada exclusivamente hacia lo malo, es ser un pesimista patológico que se dedica a destruir todo a su paso. Estos individuos muchas veces para justificarse, ondean una bandera determinada y, con la excusa de que están defendiendo tales o cuales causas, se permiten todo lujo de actuaciones y autoridades que nadie les ha concedido. Se disfrazan de justicieros para poder regar su odio a diestro y siniestro y tergiversan con habilidad los derechos del prójimo para arrebatárselos a la primera oportunidad. Para ellos, toda idea está por encima de la persona y, a fin de defender la idea, se humilla, se maltrata o incluso se asesina a las personas que no comulgan con sus ilusas pretensiones.

Son pequeños o grandes dictadores, encerrados voluntariamente en su propia ignorancia, en el minúsculo rincón del desamor y la frustración donde se han acostumbrado a vivir, aunque sea un agujero oscuro, frío y hediondo, porque todo lo demás es demasiado grande y sienten un profundo temor hacia el amor, la verdad, la belleza y la justicia. Su desproporcionado narcisismo se debe tal vez a que en algún momento sintieron su insignificancia e intentaron compensarlo haciendo anidar y crecer el odio en su corazón. El odio es una emoción muy fuerte que se puede disfrazar de muchas maneras para que parezca que la persona está en sus cabales y que lo que defiende es importante.

Cuando te has topado con alguno de estos personajes, es fácil identificar al siguiente que se cruce en tu camino para poder evitarlo a toda costa y no darle pie en ningún momento. Pero siempre habrá personas que no los reconozcan y que, por desgracia, se conviertan en los seguidores de sus delirios.