
El hijo menor, de seis años, le pidió a mamá que bajase la música. A mamá le gustaba hacer las remodelaciones de albañilería en casa con el volumen del equipo a toda pastilla.
--Mamá, tengo que hacer los deberes --dijo el niño.
--Pero hijo, si tienes todo el fin de semana por delante para hacerlos --soltó la mamá sin apartar los ojos de la mezcla de yeso que preparaba.
--Mamá, no seas boba, si me pongo ahora tendré todo el sábado y todo el domingo libres para hacer lo que me dé la gana.
El hijo mayor, de dieciocho, escuchaba a Beethoven en su habitación mientras leía el periódico.
--No entiendo a los jóvenes de hoy --decía--, no sé qué es lo que tienen en la cabeza. Empezando por que en la actualidad no se hace música, sino ruido. ¿Acaso somos trogloditas? Y la cultura... deja mucho que desear. Creo que una buena educación comienza en la escuela. Tal vez se debería separar de nuevo a los niños de las niñas en las aulas y así toda esa libertad de la que tanto se habla en democracia dejaría de ser el libertinaje al que nos hemos acostumbrados. Y mamá, creo que voy a llevarme a mi hermano los domingos a misa, en algún momento habrá que empezar a iniciarlo en el camino recto.
--Eres demasiado joven, cariño, todavía no sabes disfrutar de la vida --decía mamá.
--¡Disfrutar de la vida! --se enfadaba el chico--. ¿Dónde estaría el hombre si esta vida fuera mero disfrute? ¿Y la ciencia, mamá? ¿Y la tecnología? ¿Y la medicina? ¡Si es que no sabes lo que dices! ¿Crees que los grandes de la historia habrían llegado a donde llegaron a base de gozar de la vida?
--Pues... ¡bien que enfermaban de sífilis algunos de esos grandes! --bromeaba mamá.
Más tarde estaba papá preparando la merienda para los chicos, porque mamá dormía la mona de las cinco cervezas que se había tomado. Luego puso una lavadora y dejó la cocina y el baño impecables. Estaba cansado de trabajar fuera y dentro de casa, aunque lo hacía por los suyos y se enorgullecía de tener una familia estupenda. Más tarde estuvo zurciendo los calcetines, ya que no había demasiado dinero para comprar pares nuevos a menudo.
--Qué mal hacen hoy en día la ropa --decía--. Cuando yo era chico me duraban los calcetines una eternidad... años, diría yo. Igual que los electrodomésticos. La lavadora de mamá ha durado veinte años y aún funciona de maravilla. La primera que tuvimos nosotros aguantó excasamente ocho años. Es esta maldita sociedad de consumo y el afán de lucro de las grandes empresas.
--Papá, no me des tanta bollería, dame una manzana que es más sano --pedía el peque de la casa.
--No te creas todo lo que dicen por la televisión --dijo papá--, la comida es para disfrutarla y nuestros paladares piden cosas ricas.
--Bueno, a mí una manzana me parece muy rica --observó el niño tomando una del frutero.
--No está mal --agregó papá--, pero yo prefiero un buen cruasán de jamón y queso a la plancha con una taza de chocolate.
Mamá pidió a papá que le hiciese un café con leche y se lo sirviese con una aspirina, ya que la mezcla explosiva de cerveza y siesta tardía no sentaba bien a nadie. Aunque por la noche siguió bebiendo porque la llamaron unos amigos para dar una vuelta y estuvieron hasta las tantas de bares y tapas. Cuando llegó a casa, papá dormía como un lirón pero mamá intentó despertarlo con intención de hacer el amor.
--Me duele la cabeza --dijo papá.



